Comentario diario

MÁS DIFÍCIL TODAVÍA.

Hace unos días celebré la Misa de una boda en una antigua parroquia de un pueblo de Soria. En la sacristía había una antigua carraca de madera que, al girar, hacia un fuerte y desagradable ruido. Pues al más pequeño de los monaguillos le pareció el invento más genial de la humanidad, donde haya una carraca que se aparte la IA. Menos mal que el monaguillo era tan obediente como insistente y no nos torturó los oídos más de lo justo. En ocasiones las cosas más sencillas son las más atrayentes.

Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo?. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Si ayer nos parecía difícil poner la otra mejilla hoy amar y rezar por los enemigos nos puede parecer más difícil todavía. Uno puede mirar desde la sencillez de la carraca o la complejidad de la IA.

La complejidad es dejar entrar la soberbia y el egoísmo. Yo no puedo amar y rezar por ese, que me ha hecho algo a mí, me ha ofendido a mí, me ha fastidiado la vida a mí o me a humillado a mí. Desde el ?mí? no puedo perdonar, amar ni rezar.

La sencillez es saber que Dios me ha perdonado a mí, habla bien de mí y ha entregado a su Hijoo por mí?, y también por ese que tengo enfrente y me ha hecho daño.

Dios nos amó siendo sus enemigos, y entregó a su Hijo para nuestra salvación. Si yo quiero tener los mismos sentimientos que Cristo Jesús tendré que pedirle a Dios un corazón como el suyo y empezar a amar a los enemigos y a rezar -hablar a Dios-, de los que nos hacen daño. Si sólo miramos a Cristo en la cruz es muy sencillo, si dejamos entrar la soberbia todo se complica mucho.

Me dirás que no eres perfecto. Efectivamente, yo tampoco, pero deja que sea Dios quien te perfeccione. No vivas como los gentiles, eres templo del Espíritu Santo. A los mártires se les pide que mueran perdonando?, aún no hemos llegado a la muerte por el Evangelio.

Mira a María: dolor, mucho. Lágrimas, todas. Amor, infinito. Todo por permanecer al lado de su Hijo. Quiero ser una carraca en las manos de Dios.

 
Rector: Mn. Ramón Maria Vila

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