28
DIC
2021

¿Cómo vives la Navidad?



Queridos hermanos: ¡Feliz Navidad! Todos cantaremos estos días el villancico “Noche de Paz”, deseando que la Paz y el Amor de Dios desciendan sobre nosotros, nuestras familias y comunidades y sobre todo el mundo. Este villancico es patrimonio de la humanidad y hoy se canta en más de 300 idiomas y dialectos del mundo entero.

Según se dice, la sencilla melodía fue compuesta para guitarra y coro porque el órgano de la iglesia de Oberndorf estaba corroído por los ratones y no había medios para repararlo. La génesis de la obra empieza humilde, cuando el joven cura Mohr escribe un poema de seis estrofas (hoy suelen cantarse tres) en 1816, llamado “el año sin verano”, debido a un severo frío anómalo que destruyó cosechas y propagó el hambre. Su compositor fue Franz Xaver Gruber (1786-1863), maestro y organista natural de la Alta Austria.

Mohr había nacido en la pobreza como hijo ilegítimo en Salzburgo, la ciudad natal del legendario Mozart; pudo hacer carrera gracias a la ayuda de un vicario que descubrió su talento y lo promovió. Aparentemente, fue Mohr quien le pidió a Gruber componer una melodía para su poema, y los dos entonaron juntos la canción en la Misa de Gallo de 1818 en Oberndorf, acompañados por una guitarra.

Bing Crosby, Simon y Garfunkel, Johnny Cash, Justin Bieber, Sinéad O'Connor son solo algunas de las estrellas de la música popular que han presentado versiones propias del villancico.

En estos días en que nuestro mundo está sumergido en una vorágine mercantilista que poco tiene de cristiano, recordemos el verdadero significado de la Navidad y preparemos nuestros corazones como un pesebre adecuado para que Nuestro Señor repose en él. Navidad no es propiamente la celebración de una fecha, sino de un hecho, el nacimiento del Salvador, evento absolutamente decisivo en la historia de la salvación. Y decisivo en este mundo de hoy atemorizado por la pandemia.

Se lee en las profecías: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; le ponen en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, príncipe de la Paz” (Is 9, 5). Ese hecho fue de tal magnitud que todo el cielo lo celebró: “De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras: "Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lc 2, 13-14). “Jesús nace para la humanidad que busca libertad y paz; nace para todo hombre oprimido por el pecado, necesitado de salvación y sediento de esperanza” (San Juan Pablo II)

La Navidad, para los creyentes, es una realidad trascendental: Dios mismo se hace niño en un pesebre, convirtiéndose en Emmanuel, Dios-con-nosotros. Para los incrédulos, en cambio, no pasa de ser una bella fábula de la literatura judía.

En los primeros siglos del cristianismo los creyentes dieron un testimonio de fraterno amor que conmovió los cimientos del imperio romano. Hoy los cristianos podemos mostrar al mundo que Navidad es algo más que burbujas de champán en medio de una desbordante cena de medianoche. En nuestros días la Navidad se encuentra ante una encrucijada de grandes desafíos. Se aprecia con claridad y prevalece en la sociedad actual el afán de retornar a las fiestas paganas de las culturas primitivas durante el solsticio de invierno, mientras se soslaya, solapadamente, cualquier referencia al nacimiento de Jesús. Se ha pensado, incluso, prohibir el nombre de Navidad. Navidad nunca dejará de ser para los cristianos un tiempo de alegría, de amor y de esperanza, como lo fue para María y José la primera Navidad. Un gozo y una esperanza que renacen y se renuevan en cada obra buena que hacemos.

No dejemos que nada ni nadie nos impida celebrar cristianamente el nacimiento de Cristo. Con María de la que todos nacemos. 



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