A veces, no tantas veces como me gustaría, hay personas que te preguntan: ?¿No sé qué quiere Dios de mí?? Ya sea porque se están planteando una vocación (las menos veces), ya sea porque están pasando un mal momento ya sea de salud, económico, matrimonial, etc. Y muchas veces les respondo: ?Dios no quiere nada de ti?. Creo que a veces tenemos la idea de un Dios mendicante, que viene a pedirnos cosas para quedárselas. Y a Dios no le hace falta nada para ser Dios.
?¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor?.
Hay una frase de San Agustín, al que celebrábamos hace un par de días, que me gusta mucho: ?Pídeme Señor lo que quieras, pero dame lo que me pides.? Eso es tener las cosas claras. Dios no te va a pedir nada que no te haya dado antes, y encima te lo devolverá multiplicado. ?Ya-me dirás-, pero yo pongo mi esfuerzo, mi vida, mi tiempo, mi cansancio, mi carácter, mi?? Fenomenal, todo eso te lo ha dado antes Dios. Si sabes que todo lo has recibido no pones excusas para darlo, si crees que es tuyo y te lo van a robar lo guardarás celosamente y escucharás: ?Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y rechinar de dientes?».
No quieras ser un siervo inútil. Lo que es de Dios no hay que tener miedo a que se gaste, ni tan siquiera se pierda, pues Él no deja perderse a ninguno. Cuando alguien dice que ha perdido su vocación, o a perdido el amor en su matrimonio, se olvida que no fue él el que se llamó a dar su vida o compartir su amor. Si es algo mío claro que me agota y me hastía. Si es Dios el que me llamó, si es Dios el que puso ese amor entre los dos, tendrás el convencimiento de que nunca se acaba y cada día se renueva?, aunque haya momentos cuesta arriba siempre tienes la seguridad de que llegarás a la cima, pues ni tan siquiera tus fuerzas son tuyas, son prestadas.
Esa es la grandeza de Dios, no nos pone a prueba, sino que nos da todo lo necesario para superar las pruebas. Lo malo es cuando llega la soberbia de pensar ?Yo he hecho por Dios? y no pensamos el ?Dios ha hecho en mi?.
María nos lo enseña así: ?El Poderoso ha hecho obras grandes en mi?, haz como nuestra Madre.
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